Vuelta sobre el PRI

Opinión de Jaime Darío Oseguera Méndez

Esta semana se reunieron los ex presidentes nacionales del PRI para hablar del futuro del partido y lo único que hicieron fue recordarnos el pasado. Las derrotas siempre provocan culpas y ante la falta de un mínimo de autocrítica o una reflexión sensata de la dirigencia nacional sobre el papel del partido, cada quien hace lo que puede.
Los militantes se esconden o se van; los dirigentes se empecinan en quedarse, pero no hay en el fondo una ruta de reconstrucción ni un planteamiento político de corto o mediano plazo. Prevalece la disputa de los carroñeros por los despojos.
El gran tema es que un PRI renovado y fortalecido es muy necesario para la vida democrática del país e indispensable para cualquier agrupamiento del bloque opositor a Morena. Sin un PRI fuerte no tienen posibilidad alguna de éxito ni en lo local o nacional.
Al país le sirve que haya opciones políticas con experiencia de gobierno y capacidad de acuerdos. Más que un asunto de añoranzas o de preferencias personales, es importante saber si nos perfilamos hacia un régimen de varios partidos, con opciones políticas diversas o si el PRI, que fue mayoría durante tanto tiempo, se desgaja y ve partir a su militancia hacia la nueva mayoría.
Morena también requiere contrapesos y difícilmente los va a tener en los partidos sin estructura, que lucen coyunturales y que han servido de comparsa para las alianzas electoreras. Hay una red de complicidad para permitir que sobrevivan algunos partidos que, en lugar de enaltecer el debate político, sólo enriquece a sus dirigentes.
Lo que está en juego en este momento no es sólo la sobrevivencia del PRI o del PAN, sino el sistema político que vamos a tener en el futuro inmediato. La pregunta es sencilla, en un régimen competitivo, que aspire a ser equilibrado, democrático ¿Cuál va a ser la ingeniería del nuevo juego político? ¿Vuelve el régimen hegemónico con sus excesos y beneficios? ¿Podremos ir hacia una convivencia de más de tres partidos con un sistema electoral menos caro, transparente y sólido para las alternancias futuras?
En cualquier caso, la respuesta depende del futuro del PRI.
He sostenido en varias ocasiones, inclusive en este mismo espacio, que el PRI requiere concentrar sus energías en algunos aspectos particulares para perdurar y seguir siendo un partido político con registro.
Suena dramático, pero es real, de momento tiene que sobrevivir y lograr estabilizar la salida masiva de militantes hacia otros partidos.
Ideológicamente el PRI está perdido y así no va a avanzar. Avasallado por defender a los pillos que lo han conducido y representado en el gobierno, rumiando sus propias heridas y viviendo de los blasones que dieron las hazañas pasadas, hoy el partido se ha perdido de la discusión ideológica. Se equivocan quienes dicen que las ideas no son importantes y que es mejor ser pragmático y tener una buena estrategia de redes sociales.
La ideología es la forma de interpretar y entender la realidad a través de la acción política. Un partido debe tener un programa en el cual se reflejan las acciones, principios, valores, prioridades.
La política sin ideas es un circo. El escenario de los histriones. En la reforma eléctrica, la definición inicial fue simplemente estar en contra de Morena. Muy al final se hicieron propuestas por parte de la alianza. Hoy sabemos que la dirigencia nacional estaba negociando si se iba a favor o en contra dependiendo de los favores solicitados.
No. El PRI tiene que decir lo que piensa de la contrarreforma educativa, energética, del sistema de seguridad y la delincuencia, del federalismo y de los temas internacionales; hay que saber su proyecto del campo, de los jóvenes becados y de un nuevo sistema de salud.
En el fondo lo que se pretende con la política, al menos en la teoría, es “estar mejor”; el problema es justamente ese: ¿qué significa estar mejor? A esa pregunta precisamente responde la ideología.
El PRI se tiene que sacudir el estigma de la corrupción. Si no lo hace no tiene futuro posible. La única manera de hacerlo es denunciándola y deslindándose. Si los actuales dirigentes lo evitan, no tiene razón ni sentido que se encuentren ahí. Cada vez que el Presidente lo decide, acude al pasado para legitimarse y eso ensucia al PRI, pero la gran mayoría de quienes en las siglas del tricolor cometieron tropelías, hoy están en otros partidos, libres y contentos.
Limpiar la imagen requiere que las dirigencias no estén señaladas y denunciar la podredumbre de corrupción que se haya tolerado en sus gobiernos.
Orgánicamente el PRI se volvió una simulación. No es más el representante de los intereses del sector obrero ni del campesino o de las clases medias.
Entonces los líderes de estos sectores cada vez son más líderes de nada. Tendrán que reagruparse y ver su dimensión real. Hoy el voto corporativo sigue existiendo, pero no está en el PRI.
Se tiene que reorganizar para dejar de ser una ficción y si es necesario, cambiar de nombre siempre y cuando tenga claro su proyecto nacional en torno a una ideología socialdemócrata que significa poner el énfasis en la superación de las desigualdades, buscar el bienestar de la gente y no de las élites, a través de instituciones que sean de interés público y beneficien a la generalidad como la salud y la educación.
El futuro del país está en juego. Y no por la supervivencia del PRI, sino por el modelo que se tendría que implementar en su eventual desaparición.
Es obvio que Alejandro Moreno debería renunciar por todo lo que ha pasado y ser un elemento de transición para que el partido avance. Eso ya no sucedió. Ciertamente lo eligió la militancia, pero no puede permanecer a toda costa y en algo sí tiene razón: No se trata de que salga para que entre otra pandilla.
Tiene que llegar alguien que explique con claridad qué significa el PRI, lo que enarbola. Mientras no lo hagan todo es simple simulación, juego de máscaras, complicidad.