El mandamenos del Ejército

«La Grilla en Rosa» de Fabio  -versión que no recibe órdenes de mi General el Chencho-

Aunque el primer irresponsable de la Nación diga que no, los documentos extraídos a la brava de los servidores con procesador Lentium de la SEDENA por el grupo Guacamaya son muy riesgosos y, ese sí, un asunto de seguridad nacional.

Hemos visto hasta ahora, aparte de que funcionarios de AMLO y su círculo infernal, digo, primer círculo, están hasta el queque de relaciones con el narco y de corrupción, que los narcos hacen lo que se les da la gana con pleno conocimiento y complicidad de los soldados; que se espía a medio mundo por órdenes del mesías; que también espían a la Reina Zopi 666; que los soldaditos quieren que Papá Gobierno -o sea, el contribuyente- mantenga a la Central Avionera porque es un barril sin fondo de pérdidas; que Dos Bocas y el Tren (Ma)Maya van por las mismas, y mil cosas más.

Pero, aparte, queda claro que la cosa está al revés volteado de como pensábamos: no es el Peje quien ordena al Ejército, sino al revés.

Sí, amiguitos: resulta ser que a los guachos ya les gustó meterse a legisladores y a proponer iniciativas y leyes que luego, obediente, el mesías escupe en su misa de siete como propias. Son tan tontamente parecidas que se la cree uno, oiga.

Es decir, la empoderada que se suponía que pondría al Ejército (opaco, prepotente, transa) a los pies del Iluminado se volteó, y es el macuspano quien le trae los chescos y cigarritos a los generales.

Como diría Sor Juana Inés de la Cruz: se le volteó el chirrión por el palito.

¿Y ahora qué vamos a hacer con un Frankestein que ya le agarró gusto a la lana ajena aunque sea pésimo administrador? Eso estaría bueno que nos lo respondiera (no lo hará) su creador, tan bueno para echar a andar monstruos sin saber cómo detenerlos, tal como hizo con el narco.

MORELIANAS CON SANGRE

Los crímenes en la ciudad brillosa van arriba y adelante, como diría el Mal que Duró Cien Años, Luis Echeverría. A diario nos estamos encontrando notas de ejecutados, encobijados, baleados y demás difuntos a quienes mandan a otro plano astral en las mil imaginativas formas que tiene el narco para enfriar prójimos.

Todo eso se ve muy feo porque las brillosas autoridades de la capital purépecha nos dicen a diario que en seguridad pública todo va bien chuiquitiguau y que los morelianos gozan de «la policía más chingona» -Cussi dixit-.

No me imagino qué sería de Morelia si tuviera una policía con capacidad menos procaz. Si con los «chingones» está así, imagínense si no lo fueran.

Por lo pronto, gracias a las mediciones del INEGI nos enteramos que los michoacanos que viven en Morelia y Uruapan andan con el Jesús en la boca porque se sienten muy inseguros. Recalco: MUY inseguros.

Ah, pero la seguridad de Morelia brilla… por su ausencia.

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