Cría un hipopótamo desde bebé; éste terminó por matarlo

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A Marius Els le habían advertido varias veces: su mascota era un animal salvaje y no podía ser domesticado. Sin embargo, Marius prefirió no hacer caso. Veía en Humphrey, su hipopótamo de 1,2 toneladas, un compañero, un amigo; la compañía para su granja sudafricana de 161 hectáreas. Pero al final la realidad le quitó la razón y, esta semana, ese compañero y amigo mamífero era el causante de su muerte con un mordisco feroz que dejó a Els, un comandante militar de 40 años, sumergido en el paso del río por su granja de la provincia de Free State.

Fue precisamente en ese río donde hace cinco años Els conoció al hipopótamo. Todavía era una cría de cinco meses, pero demasiado grande para la gente que lo había adoptado. Abandonado, el animal reculó en la granja del comandante durante una inundación. Els se lo quedó y se empeñó en enseñarle a nadar con humanos. Decidió no hacer caso a las advertencias porque, como solía decir, «Humphrey es como un hijo para mí, es como un humano. Tenemos una relación que la gente no puede entender. Creen que los humanos solo pueden relacionarse con perros y gatos y otros animales domésticos, pero yo me relaciono con el animal más peligroso de África».

Las señales de que el animal no toleraba precisamente bien la compañía humana no se hicieron esperar. La prensa de su provincia recogía un incidente este mismo año: un hombre de 52 años y su sobrino de siete tuvieron que pasar horas en lo alto de un árbol porque Humphrey les había estado persiguiendo al verlos navegar con una canoa por el río que consideraba suyo. Al final, tuvo que llegar Els y distraer al hipopótamo con una manzana para que una ambulancia pudiera rescatar a los infelices navegantes.

La ahora viuda del comandante, Louise, una farmacéutica, no hacía más que alertarle de los incovenientes de tener un animal salvaje conviviendo con humanos, pidiéndole que reprimiera sus feroces instintos de defensa. Tuvo varias ocasiones para ello: por ejemplo, cuando Humphrey mató a los becerros del vecino y socio de Els, o cuando se colaba en las pistas de golf adyacientes a su río y perseguía a los incautos jugadores. Pero Els hacía oídos sordos. En su granja también vivían una jirafa y un rinoceronte, y Humphrey no podía ser menos. Aseguraba que el mero sonido de su voz atraía al animal de vuelta al río. Lo llamaba «adorable» o «dulce gigante».

Algo de razón tenía. Los hipopótamos son criaturas majestuosas, de las más espectaculares de África. Y, un buen día, son solamente hervíboros. Pero no dejan de estar armados con colmillos gigantes y, dado su instinto de preservación, son responsables de más muertes al año que los leones, elefantes, leopardos, búfalos y rinocerontes juntos. Puede que lleguen a pesar más de 3 toneladas en su edad adulta, pero alcanzan velocidades de unos 50 kilómetros por hora.

Los hipopótamos son, con mucho, el animal más mortal para los humanos. En África, matan un promedio de quinientas personas cada año.

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