Cambiar de opinión

«La Grilla en Rosa» de Fabio -versión sabatina y enfiestadamente patria-

En la cruda de las Fiestas Patrias y con la militarización a ultranza ahora defendida por aquellos que antes eran correteados por el ejército, me detengo a pensar en cómo el mesías se pasó criticando el inicio de la militarización con Felipito Calderas, todo para salir peor que su enemiguis mortal.

Cuestionado al respecto, en alguna de sus infumables, costosas y repetitivas misas de siete, el Iluminado salió con que sí estaba en contra de la militarización, pero que cambió de opinión… hace cuatro años.

Además de demostrar lo hipócrita, nos damos cuenta de la rapidez de reflejos que tiene. Se pasó todo este tiempo dándole a los generalitos comprados del ejército todo lo que fuera posible darles para tenerlos dóciles y nuevos ricos, y ahora sale con que la neta era puro cuento que no quería a los soldaditos en labores de seguridad y de todo lo demás.

Ese que presume que su pecho no es bodega bien que se guardó el secretito de que se iba a apoyar en los militares (y el narco, no se olvide) para perpetuarse en el poder con el pretexto de mantener la paz.

Una paz que ni se mantiene ni de siente con la delincuencia organizada quemando medio país con total impunidad porque el bravero de las mañanas es un cobarde doblado al narco y ni por equivocación los ataca o les toca un pelo ni con el pétalo de una orden de aprehensión.

Al contrario: mientras que para los que se oponen a que su no-Guardia Nacional sea del ejército los baña de insultos, a Miguel Ángel Félix Gallardo lo llama Don Félix y se conmueve casi hasta llorar por las enfermedades que tiene el pobrecito narcotraficante, y al Chapo Guzmán, Don Joaquín.

Contrario al mesías, yo no he cambiado de opinión acerca de él: siempre lo he visto como un corrupto chantajista que le importa poco violar todas las leyes para que se cumpla su imbécil voluntad. También hay millones de arrepentidos de haber apoyado el ascenso del mesías.

Para cambiar de opinión sobre el multicitado bastaría leer (pues no creo que alguien voluntariamente soporte ver o escuchar al Dios de Dios, Luz de Luz) en la ridiculez en que convirtió el Grito de Independencia. «Muera la corrupción, muera el racismo, muera el clasismo» fueron las joyas que agregó al grito patrio.

Cuando sale con que muera la corrupción, se está deseando a sí mismo un infarto fulminante, pues él encarna la corrupción más rampante, depredadora y cínica en México. Sobre sus babosadas del «racismo y clasismo», que tan gustosamente repiten sus minions, mejor me callo porque lo que opino es clasificación XXX.

Cambiemos al que cambia de opinión, porque nos va a cambiar de estatus: de libres a sometidos, de país a reino corrupto.