La Orquesta y Coro Comunitarios de Nurío, en un momento clave para su consolidación

De acuerdo con la especialista en políticas culturales Carmen Pérez Camacho, la Orquesta y Coro Comunitarios de Nurío, Michoacán, a más de dos años de creación, empieza a volverse un actor fundamental en la región, cuya fuerza podría, incluso, definir el futuro de la misma comunidad.

 

Consideró que el tercer año del Coro y la Orquesta es clave en su consolidación, porque es el momento en que la participación de los pobladores es esencial, ya que los vislumbran como un proyecto de vida comunitario, luego de un proceso que implicó conocer, entender y participar en la propuesta.

 

“En la primera etapa se abren los espacios, por eso el programa del Sistema Nacional de Fomento Musical da esta posibilidad de que el ciudadano tenga acceso a ellos y a esta oferta; luego se construyen los contenidos y una vez que la comunidad se apropia del proyecto, es la institución quien debe crear estrategias de política cultural y un diálogo directo con la comunidad para ver el futuro de la agrupación que se ha convertido en un referente de certidumbre para Nurío”.

 

El maestro Rafael Ubaldo Quetzecua ha formado parte del proyecto desde su inicio y asegura que la gente se sorprende de lo que los niños y niñas han alcanzado a nivel musical y formativo, pues han mejorado en aspectos como la disciplina y la puntualidad.

 

“Le veo futuro a esta orquesta. Los niños que empezaron de cero ya me están superando o van adelantados, dan sugerencias y eso es muy bueno porque van a florecer”.

 

Explicó que esta experiencia no sólo le permite estar en contacto con los noveles músicos, sino que es una oportunidad de seguir con el aprendizaje, ya que recibe cursos de capacitación para mejorar las clases y conocimientos sobre la instrumentación.

 

“Mi especialidad es el clarinete, pero ahora estoy con el oboe y el fagot, así que es importante conocer la digitación y cómo deben sonar los instrumentos”, dijo el profesor originario de Nurío, quien desarrolló su gusto por la música a partir de una tradición familiar.

 

Otro especialista en políticas culturales que ha dado seguimiento a la agrupación es Andrés López Ojeda, quien reconoció que ve un crecimiento en el proyecto.

 

“El reto está en mantenerlo y hacerlo crecer. Ha aumentado el número de integrantes, hay un aporte en el sentido de la formación musical de los niños y fomenta valores vinculados que sirven para otros aspectos de su vida cotidiana, como la puntualidad, la constancia y la perseverancia”, dijo.

 

Formada por el Sistema Nacional de Fomento Musical como parte del programa Cultura en Armonía, que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) impulsa en Michoacán, la agrupación es la base del Sistema Jimbani Erándepakua (Nuevo Amanecer, en purépecha).

 

Actualmente cuenta con 140 niños, niñas y jóvenes, de los cuales 50 permanecen desde su origen, 90 llevan poco menos de dos años y 30 ingresaron en este 2015.

 

José Luis Alejo Salmerón es uno de los integrantes fundadores que inició en el coro, aunque su interés siempre estuvo enfocado en tocar, porque ya tenía algo de experiencia en una banda que le permitía apoyar a su mamá y hermanos con un poco de dinero.

 

Ahora es un adolescente que lleva un año de formar parte de la sección de cuerdas, y la viola pronto se convirtió en su instrumento favorito. Su objetivo sigue siendo el mismo: convertirse en maestro de música.

 

“No sabía agarrar el arco o cómo afinar y al principio no me salía, pero como el maestro vio que le echaba ganas me ponía a practicar y practicar; aprendí las pisadas y en un mes ya tocaba la partitura de La mar”.

 

Las cuerdas tocan un punto de la memoria debido a que en este lugar la tradición musical empezó a finales del siglo XIX y principios del XX, pero se perdió al ser instrumentos delicados y difíciles de aprender, de ahí la importancia de que los niños y niñas revivan esa práctica que hubo en la región.

 

Cecilia Blas Moreno es madre de Juan Alejo, un niño al que le ofrecieron tocar el chelo cuando se inscribió a la agrupación en 2014, a pesar de que sus conocimientos musicales estaban enfocados en el clarinete.

 

“Al principio nos sorprendimos porque le pagaba clases particulares para aprender clarinete y cuando se formó la agrupación aprendió a tocar otros instrumentos sin costo alguno para nosotros. Aquí lo que se escucha es música de banda, pero a mi hijo le gustó el chelo y a la familia también nos gustó su sonido”.

 

Por otro lado, está el punto de vista de aquellos que tienen poco tiempo de haberse integrado a la Orquesta y Coro Comunitarios. Con 15 años de experiencia docente y una formación universitaria como músico, Laura Alejandra Gómez Castillo se incorporó desde hace cinco meses como directora del coro.

 

“El proyecto resulta interesante, porque no sólo promueve las actividades artísticas, sino también una reactivación de la lengua y los valores humanos. Animamos a los niños a ver que la música puede ser un oficio, más que un simple juego, y tratamos de abrirles el panorama”.

 

Originaria de Uruapan, la maestra tarda hora y media de trayecto para llegar a Nurío e impartir sus clases en las que el conocimiento de las notas y técnicas de respiración se hacen de manera lúdica.

 

“El número de niños es variable, a veces son 20 o llegan hasta 30. Cantamos a una voz, aunque la idea es trabajar más adelante de dos a tres voces y que crezca más el coro”.

 

En su repertorio incluyen pirekuas (canciones tradicionales purépechas) que interpretan y afortunadamente los alumnos han recibido con gusto y emoción, pues aunque más de 70 por ciento de la población habla tarasco, los más jóvenes han perdido el interés por preservarlo.

 

“Crecí con la música purépecha, pero la estoy aprendiendo ahora con ellos. Es una retroalimentación, porque traigo los conocimientos de la academia, los que me han enseñado la parte de su cultura”.

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