El paisajista mexicano José María Velasco en el 175 aniversario de su nacimiento

18 de julio de 2015 (Maya Comunicación/Círculo Digital) Con la presencia de sus bisnietos y tataranietos, el pintor José María Velasco fue recordado, con motivo del 175 aniversario de su natalicio, en una mesa redonda denominada El paisajista mexicano José María Velasco. Belleza, espacio y visión, que se llevó a cabo la noche del jueves 16 de julio en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

 

Un panorama de las ciencias naturales y el caso del ajolote mexicano fue la intervención de Víctor Rodríguez Rangel, curador del Museo Nacional de Arte, quien señaló que Velasco fue un hombre polifacético como pocos y que sus aportaciones al arte y a la ciencia fueron igual de memorables.

 

Velasco transitó de la tradicional cosmovisión de la sociedad católica hacia la era de la modernidad en el último tercio del siglo XIX. Fue un hombre creativo hasta la sepultura, asentó el curador del Museo Nacional de Arte.

 

El interés de Velasco en la naturaleza surgió cuando, a los 18 años de edad, su primer maestro de paisaje, el italiano Eugenio Landesio, lo instruyó en el aprendizaje de la zoología y la botánica como  premisa para poder dibujar.

 

El artista de paisaje debía ser interdisciplinario e interesarse por las ciencias, a decir de Landesio, por lo que sus alumnos debían saber matemáticas, física, historia natural y ciencias naturales, entre otras materias.

 

Este interés y la observación de la naturaleza llevó a Velasco a realizar diversos dibujos de plantas y animales que permitieron la clasificación de los algunos de ellos. El 26 de diciembre de 1878 leyó una ponencia sobre un animal de la categoría de los anfibios que solamente existía en la meseta central de México: el ajolote. Tal estudio lo encumbró dos años después a la presidencia de la Sociedad Mexicana de Historia Natural.

 

Ese amplio conocimiento sobre la naturaleza por medio de la observación fue lo que llevó al artista a plasmar con todo realismo el paisaje en sus obras.

 

Andrés Reséndiz Rodea, del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), abordó La influencia de José María Velasco en las generaciones sucesoras.

 

El investigador señaló que quienes conocían el Valle de México en el siglo XIX se impresionaban por la delgadez de la atmósfera. Decían que la nitidez y enrarecimiento de esta acercaba los objetos más distantes, los cuales parecían que podían tocarse con solo alargar la mano. Ese fenómeno óptico invisible fue una de las hazañas de Velasco: pintar el aire.

 

Al paso del tiempo, el paisaje urbano fue representado con otras técnicas y desde otras perspectivas por Casimiro Castro, Luis Nishizawa, Luis Acosta, Marco Antonio Zepeda, Federico Tenorio, Enrique Sánchez, Rafael Huerta, Raymundo Martínez y Jorge Obregón, por mencionar a algunos.

 

La ciudad se extendió horizontalmente, donde la mirada se desorienta y aturde. El aire de Velasco desapareció y se comenzó a representar a la capital como una mega urbe en la que el desplazamiento se guía, ya no por montañas, sino por logotipos del metro y edificios.

 

María Sánchez Vega, subdirectora del Museo Nacional de Historia, habló sobre Tiempo, espacio y forma en la obra de José María Velasco, lo cual, dijo, está relacionado con el punto de vista arquitectónico.

 

Recordó que antiguamente los arquitectos también se formaban en la Academia de San Carlos, por lo que pintores y arquitectos influían unos en otros, además de que la pintura de paisaje requiere de perspectiva: “Es como hacer un dibujo desde un helicóptero”, dijo.

 

 

 

Los trazos de un arquitecto son similares a los de un pintor; hay composición entre masas, líneas, juegos de luz y sombras.

 

Velasco manejó el espacio, es decir, el vacío, y lo volvió significativo. Para ilustrar de lo que hablaba, la historiadora de arte presentó algunas obras del pintor, como un cuadro en el que se aprecia a la emperatriz Carlota cabalgando hacia el Castillo de Chapultepec.

 

El artista plástico “debía tener clara la relación espacial entre la escala humana y la arquitectura”, señaló al presentar otra pieza, en la que aparece la catedral de Oaxaca. “Él jugó con las dimensiones y con la humanización para crear una reacción en el público, que puede ser de melancolía, admiración, tristeza”.

 

Espacio, tiempo y forma, manejo de espacios abiertos y cerrados, el color y la textura son conceptos que José María Velasco manejó al igual que un arquitecto. “La diferencia entre ambos es la sublimidad que logró el pintor en sus obras”, finalizó Sánchez Vega.