Conmemoran la aventura literaria de Eraclio Zepeda en la FIL Zócalo 2015

21941736598_121216bfc1_z13 de octubre de 2015 (Maya Comunicación) Con una prosa pulida por la memoria, el poeta Oscar Oliva y la promotora cultural Adriana Konzevik rememoraron el espíritu aventurero y cuentista del escritor chiapaneco Eraclio Zepeda, en el marco de su homenaje celebrado la tarde de este lunes en la Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2015.

 

Ambos, acompañados del Secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín, y María Cortina, coordinadora de Proyectos Especiales de la Secretaría de Cultura y organizadora de los homenajes de esta gran fiesta editorial, recordaron las entrañables anécdotas y experiencias que entintaron la pluma del también conocido por sus amigos y familiares como  “ Laco”.

 

A memoria suelta y con un discurso forjado por el recuerdo, el poeta Oscar Oliva compartió con el público del Café Literario “Heraclio Zepeda” de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México, que lleva el nombre del recién fallecido escritor chiapaneco, algunos recuerdos atropellados –-como los nombró el poeta– de una gran amistad que perduró por 70 años, forjada en una hermandad literaria.

 

“No me queda duda, Laco es un extraordinario escritor, él conocía perfectamente la gran literatura en lengua castellana medieval, la del renacimiento, la del barroco,  toda la poesía y narrativa clásica.  Laco asimiló con gran rapidez todo lo que leía, pero Laco tenía una cosa que yo no tengo, era un Pie de Chucho como le dicen en mi pueblo, un aventurero”, compartió su paisano Oscar Oliva.

 

De manera fluida, con los silencios necesarios y el ritmo suficiente para dibujar un mapa al aire, Oliva enfatizó que esta característica aventurera de Eraclio Zepeda lo llevó a presenciar tanto la «Larga Marcha» china que encabezó Mao Tse Tung en 1934 como el deterioro del socialismo en Moscú y la defensa de los cubanos contra Estados Unidos, pero sobre todo la vida campesina de las distintas zonas chiapanecas.

 

Benzulul (1959) –su primer libro- “fue escrito tras un breve internado en la selva de Chiapas”, recordó  Adriana Konzevik, el cual recrea este maravilloso estado, ubicado al sur de la República Mexicana, a partir de los cuatro elementos el agua, el fuego, el aire y la tierra.

 

En su viaje a Zinacantán, San Juan Chamula o San Cristobal de las Casas, por mencionar algunos lugares de su particular interés, Zepeda  tomaba tras su paso los nombres escritos en  las lápidas, los cuales se convertirían en los nombres de sus personajes, que primero  protagonizarían sus cuentos y después sus novelas.

 

“Su voz y su pluma seguirán transportándonos a su tierra amada, a sus habitantes, a sus costumbres y oficios, a su  manera de pensar y de entender el mundo, porque Laco era “un enfrascador de almas”  parafraseando el título de uno de sus relatos, así que el mejor homenaje para un escritor es leerlo”, exhortó Adriana Konzevik, actualmente gerente de producción del Fondo de Cultura Económica, editorial que tiene publicados diversas obras del escritor chiapaneco.

 

Por su parte,  Eduardo Vázquez Martín subrayó de quien consideró uno de los grandes escritores del siglo XX, su constante interés por escuchar a las voces que nacen de la tierra.

 

“Zepeda no fue indiferente jamás a la vida, lo mismo viajó y abrazó a la cultura china con su mujer, Elba Macías y atravesó  la historia del siglo XX sin inhibición, que quería cambiar el mundo, hacer una revolución, sin dejar de reír”, expresó el funcionario.

 

Asimismo, durante su homenaje se presentaron lecturas en voz alta de dos fragmentos de Benzulul, ejecutados por los promotores culturales Marco Guagnelli González y Patricia Resendis, que dieron voz a la obra del también autor de las novelas Las grandes lluvias (2005) y Tocar el fuego (2007).

 

Recuerdan a Ramón Martínez Ocaranza como el poeta “provocador de buenas conciencias”

 

En una charla entablada pocas horas antes en el Café Literario “Eraclio Zepeda”, los poetas Lucía Rivadeneyra, Adriana Tafoya, Alfredo Giles Díaz, Andrés Cisneros de la Cruz y el cantautor  Fausto Arrellín abundaron y compartieron la obra poética del escritor michoacano.

 

Entre el olor a café y a través de la lectura de su obra y la reflexión de su palabra, el poeta michoacano Ramón Martínez Ocaranza fue recordado como un poeta  “provocador de buenas conciencias” y como un exiliado de la realidad, pero gran crítico de la época durante su homenaje en el marco de la decimoquinta edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) en el Zócalo de la Ciudad de México 2015, para celebrar el centenario de su nacimiento.

 

Para despertar el interés del público por la obra de este amante de la prosa, el músico y compositor Fausto Arrellín, representante del movimiento rupestre, cuya corriente musical fue fuertemente influenciada por este escritor, interpretó Soneto, poema  de Ocaranza musicalizado por el propio  Arrellín, que forma parte del poemario Otoño encarcelador de 1968.

 

 

“Yo que di por perdido lo ganado, / como di por ganado lo perdido, / ruedo sobre mi círculo de olvido, / como si fuera círculo olvidado. /Lo que yo tuve, todo fue prestado, / y por prestado, ya me lo han pedido. / Yo no debí jamás haber nacido; / porque hasta de nacer me han acusado…”, interpretó Arrellín acompañado de su guitarra.

 

Para arrancar la amena charla el poeta Andrés Cisneros de la Cruz recordó a Ocaranza como un poeta sui géneris, cuya estética criticaba la época.

 

“Ocaranza ha sido un poeta con una gran obra sui géneris que genera una veta de distinción, cuya postura ética lo aleja del circulo de poetas para preferir vivir en la austeridad”, explicó al público congregado Cisneros de la Cruz.

 

Por su parte  la ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven “Elìas Nandino” en 1987, Lucía Rivadeneyra, lo describió como un poeta  “provocador de buenas conciencias”  cuya religiosidad atea impregnó y caracterizó su obra.

 

“Ramón Martínez Ocaranza refleja también en toda su obra su amor por México, en ella mezcla mundos y personajes mágicos, logra incorporar su seno literario que va de Quetzalcóatl a Dante, de Huitzilopochtli a Morelos y Zapata, de Perseo a Fausto”, explicó la escritora.

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