América y Tigres logran empate 1-1; el campeón se decide en el Volcán

La primera Final se quedó corta de emociones y el empate en un gol fue quizás el mejor resultado que se ajustó anoche a un desarrollo parejo y combativo entre América y Tigres.

El 1-1 terminó siendo tan razonable como merecido porque ambos equipos se dejaron llevar más por los impulsos que por las ideas, y a la postre, sus intenciones quedaron absorbidas por un trámite espeso y áspero, donde el sacrificio fue más determinante que la calidad colectiva.

Tigres se puso en ventaja gracias a una genialidad de André-Pierre Gignac al 44’. Fue el sexto gol del francés en esta Liguilla, quien no pudo terminar el juego por lesión. El paraguayo Bruno Valdéz igualó el marcador para el América al 67’.

Con este resultado en el primer acto, todo quedó abierto para que el próximo domingo a las 18:30 horas se defina el título en el estadio Universitario y en plena Navidad, donde Tigres querrá regalarse la quinta estrella, mientras que América llegará a Monterrey por su trofeo número 13 en el año de su Centenario.
La primera Final ofreció lo que se suponía entre dos equipos bien estructurados y que intentaron anularse para quitarse poder mutuamente.

La etapa inicial comenzó con una tendencia favorable al América, pero terminó siendo más productiva para Tigres en cuanto al resultado.

América, a quien se les sospechaba que podía mostrar un cansancio físico y mental después de su gira por Japón, fue más dinámico, determinante y vertical que Tigres en varios lapsos del primer tiempo.

Y ello se debió, en parte, a la diferencia de ritmo entre un equipo y otro. A Tigres, que estuvo 18 días sin actividad futbolística exigente, le costó entrar en sintonía en un trámite rápido que invitaba a ser más cerebral que combativo.

Mucho tuvo que ver también los planes estratégicos y en ese sentido, el técnico Ricardo La Volpe fue más astuto que Ricardo Ferretti. El DT argentino abrió el juego con los ecuatorianos Renato Ibarra y Michael Arroyo y con Bruno Valdéz y Miguel Samudio abortó las pocas intenciones de Jürgen Damm y Javier Aquino.

De hecho, un Tigres desconectado en el medio y poco claro para atacar, no se veía por dónde podía hacer daño.

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